Visita a Prensa La Libertad

Federico C – así a secas – es el alma, el brazo (y el pie que empuja el pedal) de Prensa La Libertad, una de las pocas imprentas de tipos móviles que todavía existe en la Ciudad de Buenos Aires. En un diminuto espacio en el barrio de Once, Federico C, ha logrado meter un par de maquinas tipográficas metálicas muy aparatosas, una mesa de trabajo donde descansa un unicornio de espejos y decenas de carteles impresos pegados a las paredes. Con letras de distintas familias y cuerpos — uno anuncia estruendosamente su mensaje de optimismo: “Sea usted consciente de su poder! El mañana puede ser transformador”.

Además cuenta con tres o cuatro antiguas cómodas tipográficas de madera que sostienen cajones repletos los tipos y que Federico custodia celosamente: “Cada vez que encuentro uno, en una feria o en las Pulgas, lo compro. Me molesta rotundamente la moda de usarlos como objeto de decoración: ver un instrumento de trabajo convertido en adorno me enferma.”

Los diseños son compuestos dentro de una marco de metal acorde al formato del encargo, y quedan en su lugar gracias a unos lingotes, también de metal, que hacen de espesor. La matriz así preparada se inserta en la prensa y, a golpes de pedal y gracias a una extraordinaria coordinación de movimientos, los papeles impresos empiezan a apilarse a la izquierda, mientras el taco de papeles blancos que a su derecha se va reduciendo de forma directamente proporcional.

“Es tinta sobre papel, nomas…” – matiza Federico C frente al asombro del visitador ocasional, impresionado por la destreza y el milagro antiguo de esta ordalía anti tecnológica. Es que el hombre, a pesar de tener los títulos necesarios, no se la da en absoluto de artista: “Este es mi laburo: no intento hacer algo de elite, esnob, todo lo contrario. Mi idea es ofrecer un producto accesible, solo que hecho con otra tecnología…”, y empieza a describir con una mezcla de admiración y sonrisas los galpones del conurbano bonaerense donde las imprentas de tipos móviles de gran formato todavía viven su momento de gloria, y cada día imprimen los miles de afiches que promocionan los recitales y boliches de la movida tropical.

Federico C fue iniciado a los placeres de la imprenta justamente en uno de estos galpones. Era 2009, y el joven Federico C trabajaba en una imprenta de las tradicionales, con maquinas digitales y nada de la poesía manchada de tinta de su trabajo actual. Allí conoció a un imprentero de vieja escuela, quien lo invito a visitar su lugar de trabajo, en Merlo: “Cuando entré no lo podía creer…” – recuerda. El lugar era todo lo que siempre había soñado con encontrar.

Federico C se queda como aprendiz y rápidamente adquiere los rudimentos del oficio. Lo suficiente como para comprarse su primera máquina – alemana, del año 1960 – y empezar a experimentar. Había nacido Prensa La Libertad.

* Texto y fotos por Enrico Fantoni para DD.AA. Agradecemos a Las Chulas por la presentación.

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