Entrevista a Guillermo Srodek-Hart

Cuando vi “Stories”, la última serie del fotógrafo argentino Guillermo Srodek-Hart, enseguida reconocí la afinidad. A Guillermo le gustan los misterios. Los cultiva a conciencia, en su obra y en sus cosas. Siembra pistas, cosecha intriga (sospecho que no es otro su trabajo en el campo). Con inocencia le pregunté por los ausentes, por los dueños, empleados, y clientes de los lugares que visita con su antigua cámara de fuelle y capucha. Me contestó que no le interesa fotografiarlos: “los represento de otra manera, ellos están allí presentes, en sus muebles y en sus decoraciones, en su mugre o limpieza, en su orden o desorden. Están ahí, como presencias invisibles.”

Mencionaste que estabas en el campo, ¿descansando o fotografiando?

Mi viejo vive en el campo y yo voy ahí a trabajar, no saco fotos, a veces alguna pedorra con mi celular pedorro. Pero es ‘otro rubro’ allá.

¿Trabajás como fotógrafo?

Vendo mis fotos a través de galerías de arte pero no trabajo comercialmente para revistas o diarios etc. Me representan tres galerías en Estados Unidos, y me coleccionaron hace poco en Japón y el año pasado en el Museo de Santa Bárbara, California.

¿Cómo fue tu formación?

Cuando tenía 20 años me fui a estudiar a Boston a la única universidad que me aceptó. Mi portfolio apestaba. Eran dibujos de algunos talleres que había hecho, graffitis, y algunas fotos blanco y negro muy adolescentes. La universidad era el School of the Museum of Fine Arts (de ahí salió Nan Goldin, por ej.). Es muy liberal y no toman asistencia ni te dan notas por los laburos. Dependés enteramente de vos. Mis primeros dos años fueron muy rockeros y muy descontrolados. No sabía qué hacer hasta que me metí en fotografía y sentí que la personalidad y la forma de vida que aplicaban a esa práctica cuajaban con mis intereses. Y ahí me dediqué a estudiar sin parar y a laburar todo lo que podía y aprender y sacarle el jugo a la oportunidad.

Volví un año y medio a Argentina en 2005 y en 2007 apliqué a un Master en otra universidad estatal de Boston llamada MassArt, donde aceptan a un solo alumno internacional por año para cada disciplina, y me aceptaron. Así que volví, hice el Master y me quedé laburando unos meses hasta volver a Argentina a fines del 2009.

Volví porque me sentía muy cómodo allá, y creo que cuando uno hace arte debe estar en una situación más dinámica y de cierta incomodidad o inconformismo para producir trabajos significativos, que tengan un esencia que trascienda lo puramente estético y superficial. No hay que olvidarse que uno está expresando algo interno cuando hace arte. Eso creo yo.

¿Cómo surgieron las tres series de tu web? ¿Cuál es tu relación con el interior del país?

Las series en realidad diría que son dos porque “Santos Paganos” y los “Interiores” para mí van de la mano. Las series fueron el resultado de visitar mi país viviendo afuera, venía de vacaciones y me iba a recorrer y sacar fotos, y es lo que pasa siempre con el que se va, se vuelve mas argentino que los que viven en Argentina. Uno no valora o reconoce muchas cosas hasta que no las tiene más. Los pueblitos del interior me hablaban de mi identidad, de mis sensibilidades. Así que comencé a fotografiarlo.

La serie Umbanda surge cuando gano el 3er premio de la Fundación Klemm en el 2006 con una imagen de un Tilo con un altar al Gauchito Gil debajo. Ese año me llevaron a ArteBA por primera vez, y esa obra se expuso en la galería Laura Haber. Se me acercaron Juan Batalla y Dany Barreto, dos artistas contemporáneos argentinos, ahora grandes amigos, y me preguntaron por mi relación con los altares y las representaciones visuales de lo oculto. Ellos tienen una editorial llamada Arte Brujo y estaban a punto de comenzar el proyecto “Dueños de la Encrucijada” que fue una muestra itinerante y un libro muy copado que mezcla arte contemporáneo y antropología. Bueno, buscaban un fotógrafo que cuajara con el tema, así que ahí fui.

¿Cómo encontrás tus locaciones? ¿Son lugares que frecuentás cotidianamente?

Viajo mucho, miro mapas, hablo con gente, tal vez leo algo (por ej. El Interior de Caparrós, creo que algún lugar me interesó por lo que leí) o escucho algo en la radio y me desvío, mismo algún nombre que me suene copado es suficiente para mandarme a ver qué onda. Y una vez allí, doy vueltas despacito, o salgo a caminar, o muestro mi carpeta con fotos a gente que conozco lúdicamente y les pregunto si saben de sitios así, “antiguos”. Estuve en Ushuaia, en La Pampa, en Salta, Jujuy, Tucumán, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Neuquén, Chubut… los pueblos son miles.

¿Salís de gira a buscarlos? ¿Cuánto tiempo te llevó la serie “Stories”, por ejemplo? ¿Y vas solo?

Si, salgo de gira, duran una semana más o menos. Van 6 años de Stories. Hace dos años me acompaña Thor, mi bóxer. No voy con gente.

¿Cómo es tu kit de viaje? ¿Grande, chico, mediano?

No sé cómo evaluarlo. Llevo lo necesario: bolso con ropa y cepillo de dientes, bolsa con comida para perro, laptop, y después como cuatro bultos con la cámara, lentes, trípode, película, una digital chiquita, ahí, ni más ni menos que lo que necesito.

¿Qué cámara es?

Es cámara de gran formato Ebony, es japonesa hecha a mano, como la espada del Samurai! jaja. Es muy linda, Caoba y Titanio. Liviana y durable. Tengo cuatro lentes que cambio. Los angulares tienden a ser los mejores para este laburo por que son mas atmosféricos en lo que abarcan del lugar. Uso la cámara chiquita digital para hacer unas tomas de previa a ver como se ve encuadrado y para comparar exposiciones también, pero la verdad que la mitad del tiempo ni la uso.

¿Qué reacciones encontraste cuando pedías permiso para registrar estos lugares? ¿Mostraste el resultado y tuviste la chance de ver cómo las recibían?

Las reacciones son siempre buenas. O sea, la menos buena es la indiferente que les da lo mismo que saques la foto o no, o les da lo mismo que les regales una copia o no, pero eso igual para mí es bueno porque lo único que me jodería es no poder sacar la foto, o que me digan que no les gusta la copia. Y eso nunca me pasó.

Los cuentos que estoy escribiendo (quiero publicar un libro el año que viene) son todos basados en historias o situaciones alrededor de la toma fotográfica o de regresar años mas tarde a regalarles una copia y ver en qué anda es gente. Son muy divertidas. Hace poco fui a Mercedes, Corrientes, a dejar una copia en el Museo del Gauchito Gil. Así que se puede decir que mi obra ha sido también coleccionada por el Museo del Gauchito!

Pero para el libro todavía falta, sigo revisando los textos. Anteayer escuché a Galeano que decía en una entrevista MUY buena con Rolando Graña, quien yo creía que no tenía alma pero la tiene, y es muy sensible! En fin, decía que cuanto más cortos los cuentos, más se tarda en escribirlos. Que hay que llegar al hueso y a la carne y dejar la grasa de lado. Qué metáfora perfecta! Me gustó muchísimo eso.

Somos de una generación que se le vino el digital encima, ¿cómo lo llevás? ¿Estás conforme con las copias en papel que podés lograr? ¿Te gusta/interesa retocar?

Yo soy bastante tradicional, me formé con rollos, revelado manual, copias en el cuarto oscuro, y la verdad que me parece muy bueno haber pasado por eso. De hecho, creo que debería enseñarse todavía aunque sea muy básico, por la cosa artesanal que tiene mezclar un químico o cargar un rollo en total oscuridad. Además hay muchas correlaciones con lo digital, para mí. Y la verdad que aunque creo que puede ser muy vicioso el tema de la tecnología, yo lo uso moderadamente con lo que me sirve para lo que busco. No estoy buscando siempre lo nuevo, lo mas cutting edge que le dicen. Es más, toda la idea de la ‘conectividad’ me parece una idiotez. Mi celular vale 300 pesos y estoy fenómeno así.

Yo sigo usando negativo porque fotografío con placa, la cámara es de las antiguas con fuelle y capucha. Después escaneo e imprimo en inkjet… no retoco mucho, me gusta respetar la imagen y la sensación del lugar tal cual lo recuerdo, no transformar algo en otra cosa. Así lo pienso. Es representar ese éxtasis, esa primera impresión cuando entro a algún lugar increíble.

¿Te interesa el retrato? ¿No te sentiste tentado de registrar una especie de lado B de cada serie con los dueños o usuarios de esos lugares? (los imagino tan jugosos!) Supongo que se acabaría el hechizo, pero me pregunto si directamente no te interesa, o los tenés escondidos en tu archivo.

No me interesa fotografiar a los ‘personajes’ que habitan mis lugares. Siento que los represento de otra manera, que ellos están allí presentes en sus muebles y en sus decoraciones y en sus fotos y en su mugre o limpieza, en su orden o desorden. Ahí están, como presencias invisibles.

Más fotos de Guillermo Srodek-Hart en www.srodekhart.com.

* Texto por Alina Schwarcz para DD.AA.

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