Bordados por Guillermina Baiguera

Guillermina Baiguera estudió diseño gráfico pero encontró que su medio de expresión era el textil llevado a la síntesis máxima de hilo y aguja. Además de dibujar, ella cose, hace patchwork y de vez en cuando bordados de una sola hebra, lo que significa cientos de horas (a veces años) de paciencia infinita para llegar a composiciones en la tela.

Desde diseños abstractos a retratos en claroscuro, y composiciones que remiten a estampas japonesas, sus bordados siempre mantienen el mismo estilo ingenuo y delicado y el colorido que evoca lo artesanal sin caer en viejos mitos de género.

Guillermina empezó a bordar hace más de diez años, primero dando puntadas directas en la tela, sin dibujo previo, dejándolas fluir sobre la base de una paleta de colores que le gustara. Autodidacta, aprendió mirando y leyendo libros de bordado para después crear técnicas propias. “Quizás ya bordaba en otra vida”, piensa.

Sus últimos trabajos remiten a las estampas japonesas del siglo XIX, donde el movimiento de las puntadas hacen un todo más fluido, como las olas del mar que representan. Estos diseños más orgánicos tienen que ver con un mejor dominio de la técnica, aunque ella prefiera hacer hincapié en su constante búsqueda: “soy bastante obsesiva pero no sé qué viene primero, si la técnica se adapta a un estado de ánimo particular, a mis mareas internas, o si es al revés”.

Este año también hizo una serie de bordados para el libro para chicos de Ricardo Zelarayán, “Traveseando” (Planta Editora, 2012). “Pensaba en un libro negro, bordado con hilos de colores brillantes y sin representación de cosas concretas, pero después esta idea quedó atrás porque nos pareció mejor que los niños pudieran reconocer las formas”. Las piezas salieron de los textos, usó la misma paleta en todos pero sobre diferentes telas y así el negro, naranja y blanco, dieron distintos resultados. Aunque muy contenta con la experiencia, Guillermina confiesa, “desconfío un poco del bordado impreso porque pierde mucho encanto”.

Además de tener trabajos vendidos a New York y Tokio, Guillermina da clases de bordado y organiza muestras en Formosa, un mini espacio de arte en Colegiales –que ella también fundó– donde le transmite a sus alumnos la riqueza escondida en el costurero, la reinterpretación de una técnica que en el imaginario oscila entre lo puramente práctico y el ocio, y la puesta en evidencia del proceso artesanal como herramientas para la propia expresión.

* Texto por Josefina Capelle para DD.AA. Licenciada en Ciencias de la Información, estudió Filosofía del Arte en ECLA Berlin, es redactora de la revista DMAG y artista plástica. Mirá sus pinturas, dibujos y procesos acá.

Fotos gentileza de Guillermina Baiguera.

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